Cuando desembarqué, creía que iba a encontrarme Normandía, pero hallé el más feliz de los mundos.
Nueva ciudad, nueva gente. Nuevo panorama, en definitiva. Primer desafío: integrarme en el Colegio Mayor.Los nervios, miedos e indecisiones desaparecieron al entrar . Los primeros días se hicieron duros, nadie conocía a nadie: eramos muchos extraños conviviendo bajo el mismo techo. Pero esta situación cambió, poco a poco fuimos interactuando unos con otros. En cuatro días, todos nos conocíamos.
Ya pasada la fase de no conocer a nadie, el desafío era sobrevivir al primer día de clase. Los nervios que desaparecieron cuando entré en el Mayor volvieron con fuerza al entrar en la FCOM. ¿ Podría salir con vida aquel primer día de facultad ? En pocas horas lo descubrí. Se me hizo raro: una exigencia nueva, más esfuerzo, dedicación, pero sobretodo, motivación y ganas. Cuando salí de la FCOM, un extraño sentimiento afloró en mí: poco a poco fui dándome cuenta de que empezaba una nueva etapa en mi vida; un período de retos, nuevas amistades y un nuevo sentimiento, ser universitario.
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